Wednesday, December 27, 2006

Un regalo volátil

A los amigos, los que lo son y los que lo fueron…
He tenido muchos amigos en mi vida, como zapatos tuvo Forrest Gump, y espero no dejar de encontrarlos, y no perder los que tengo ya. Este es un breve recorrido por los más importantes, por los más queridos. Un brindis por ellos, en son de despedida para los que así lo quisieron. Para los que siguen conmigo, espero que os reconozcáis en estas letras. Este post es mi pequeño regalo.
Mi amiga de la infancia, la primera, a la que más quise, me curraba cantidad en el recreo hasta que le respondí; desde entonces fuimos inseparables. Debería recordar más esa lección. Muchas gracias.
Cuando estaba a punto de ser adolescente tuve un grupo de amigas de las que era la jefa. Tardaron poco en traicionarme. Poder, amistad: fricción. Aforismo.
Tuve una amiga que hubiera competido conmigo hasta por llevar las bragas más sucias. Me enseñó que aquello no era precisamente amistad. Por su valor educativo, gracias. Por lo demás… ja.
Salí con un ceporro durante un año y medio, aprendí que los amigos no se hacen por osmosis. Y a dios gracias.
Dicen que en la facultad se hacen buenos amigos. Yo tuve cinco amigos en aquella época: un amante frustrado (no se ha de contentar siempre a todo el mundo), un alma cándida que al final creyó a todos menos a mi, una que siempre será pequeña entre grandes, y al mejor amigo que he tenido y creo que tendré, que se despidió de mi y no quiere reencontrarme. A la última la conservo, por fortuna. Me sigue enseñando la constancia, el valor del esfuerzo, y deslumbrándome, aún hoy, con una suerte de inocencia que se hace sinfonía.
Durante un largo tiempo me creí parte de un grupo al que adoraba. Mi amigo el fuerte, el práctico, resultó ser demasiado práctico. Que le vaya bien en su mundo útil. Mi amigo el inocente debía crecer solo. Que no se haga, ni le hagan, mucho daño. A mi amigo el callado supongo que le resulta más sencillo guardar secretos solo, aunque no obvio que hay más motivos. Que le quieran mucho, se lo merece. A mi amigo el egoísta le deseo que no tenga que compartir nada. A mi mejor amiga durante tanto tiempo le regalo el que no tenga que mentir más ni sulfurarse, y le doy las gracias por haberme hecho tan fácil olvidarla por los últimos tiempos que compartimos. Me quedo con lo bueno, con lo que hicieron por mi, por lo poco o por lo mucho, enormes gracias.
Hubo una misteriosa amiga, a la que tanto quise, a la que no sé qué mal hice para perderla. Todavía hoy creo que sabe que sólo tiene que silbar si me necesita.
Para mi brujo: jamás nadie me ha regalado una noche más triste y más hermosa. Espero repetirme en tus pesadillas.
Tengo un amigo que desde lejos me recuerda que no debe uno conformarse jamás, que busca siempre su disparo de nieve. Por alguna razón le siento cerca. Deseo que siga explorando las estrellas.
Como curiosidad intercalo que hay gente a la que nunca he considerado amigos aunque ellos piensen que sí. A ellos, mis más sinceras disculpas por no sentiros.
Mi amiga, la que me pega el acento, siempre viste de verde para mi. Me descubre de nuevo el placer de pasar noches en vela por no poder parar de hablar. Me entusiasma compartir con ella mis planes maquiavélicos o tramar alguno juntas. No sé qué regalarle porque fue ella quien me dio el mejor de los regalos: devolverme la esperanza en los demás. No en todos, por supuesto.
Hay dos de mis amigos que están juntos, que además se quieren, y mucho. Viven en una isla la mar de independiente en la que no se siente pasar el tiempo. Él aún se entusiasma cuando habla y hasta nos contagia a veces. Ella reinventa el saber estar y la empatía. Ambos son como el bourbon y el blues… ¡se está tan a gusto con ellos!
A veces me desespera no poder ayudar más a mi amigo el manirroto, pero no es su culpa. Ha perdido la fe cuando más la necesitaba, y quiere amar y que le amen, pero sólo va encontrando migajas de todo, migajas del mundo. Tirita de frío y de hambre. Ojala yo tuviera más sonrisas que regalarle.
A todos los demás, no os estoy olvidando, y tampoco estáis entre las curiosidades. Sois la cara amable de lugares a los que no deseo volver, sesiones de cine inolvidables, momentos mágicos que no puede nadie arrebatarme. Como diría otro amigo, aunque él no sepa que lo es, “las últimas palabras del credo”.
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Tuesday, December 26, 2006

navidad, navidad, dulce navidad

Ha pasado el día de navidad, demos gracias. Otro año más ¿gracias? Mis queridos, y francamente pocos lectores, quiero compartir con vosotros mi cansancio. Cada año monto un escenario sin creerme para nada el espectáculo; este año, como novedad, la vida ha querido descolgar de mi árbol la última bola brillante, dejando sólo el andamiaje gastado, problemas con las luces y la siempre angustiosa falta de espacio.

En cualquier caso, haré público un sentimiento positivo: nunca sabrán mis queridos amigos lo mucho que agradezco nuestras horas de la víspera, las risas que me trajeron en esos momentos abúlicos, la conversación sincera y siempre agradable, y el compartir conmigo el breve reencuentro de mi corazón con el concepto de familia, desprovisto al menos unas horas de dolor o nerviosismo. El mejor regalo. Gracias.

Aprovecho la ocasión para devolver a todos los buenos deseos que me habéis hecho llegar, y para pediros que no toméis a mal mi falta de respuestas. El silencio es lo más poético que se me ocurre para un escenario sin brillo.

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Friday, December 15, 2006

la bronca en la calle

Hoy cuando volvía a casa después de mi recadeo, me he encontrado en la esquina con una pareja que discutía a gritos (por supuesto, he desacelerado el paso al nivel de anciana con esclerosis múltiple), él gritaba menos y al final ha zanjado la escena mandando a la chica a tomar por el culo, no sin antes advertirla de que no vuelva a llamar a su casa porque su madre no la soporta. La cara de ella mejor haberla visto.

Qué curiosas que son las despedidas…

Hay algunas que se esperan y aún así duelen como patadas genitales. Se entiende que eso pasa cuando el adiós se lo ponen a uno por montera y no se tienen ganas de torear.

Otras no se esperan para nada, y, cuando nos asalta en la noche la mera posibilidad de que sucedan, se agarra el vértigo en el estómago como una tenia. Y luego no son para tanto.

Las más peculiares, para mi gusto, son las civilizadas. “Oye, que me voy”, “Ea, pos nada, que te vaya bien. Ya te llamo yo si eso”… y se quedan tan anchos. Eso no va conmigo.

Las autenticas, las que siempre protagoniza en mi cabeza Linda Fiorentino, son esas de llegar a casa y encontrar un “hasta nunca” escrito con lápiz de labios en el espejo del cuarto de baño. Sin avisar, sin explicaciones, que ya tenemos todos el coño negro para saber dónde la cagamos.

Lo más curioso del adiós es que, con lo jodidamente sencillo que es decirlo o entender que te lo han dicho, siempre se monta uno su película personal: “si, bueno, me dijo que se iba, pero yo ya había dejado de quererle”, “no, verás, seguro que vuelve cuando supere esta mala racha, porque me quiere mucho… ¿verdad? ¡¿Verdad que me quiere mucho?!”, o la mejor “teníamos una relación liberal” (momento en que, sin poder evitarlo se me dibuja la mueca burlona horrorosa con la que he conseguido tantos fans).

Para los que se encuentren en esa empinada cuesta del desamor, un consejo, que no es mío, sino de ese insigne filósofo que fue Makinavaja: la esperanza es una puta que va vestida de verde.

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Sobre los cuentos en malos tiempos para la lírica

las hadas

Por las tardes las hadas se bañan en los ríos. En márgenes deshabitados donde nadie puede verlas, así todos pensamos que se ocultan tímidas y reservadas, y así ellas se arropan en nuestra majadería. Se ocultan porque es el misterio su interés y su única belleza. Son seres vacíos, de mirada hueca y corazón despoblado. Fascinan por estar en blanco… etéreas, perecederas, sin más juego que el juego mismo. Ayer las vi bañarse y tienen callos, celulitis, piel de gallina y caspa, mucha caspa. Se critican entre ellas y no tienen expresión. Seguro que ni siquiera se preguntan de dónde vienen los cuentos.

los príncipes azules

Los príncipes azules duermen el sueño de los justos. Ahora tienen miedo, caca, pis o purgaciones que no les dejan montar a caballo. Todo lo que no tenga que ver con ellos mismos les da pereza, y ese es mal dragón que combatir… que vaya otro. Viven con sus padres y en lugar de larga capa llevan mallas verdes de maricona loca. Nuestros príncipes de hoy sólo tienen los cuentos en su cabeza.

y las princesas

Hoy en día las princesas se alimentan de prozac, fuman compulsivamente y leen libros de autoayuda o van al gimnasio para vencer la ansiedad. La sangre azul es una maldición en el lugar inapropiado. Se pasean por el mundo rogando por que no les rompan más el corazón. Son estupendas, preciosas, extraordinarias… y están solas. Tan sólo se preguntan por qué cojones han cambiado tanto los cuentos.

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Thursday, December 14, 2006

el astronauta

Aquí os dejo algo que escribí hace tiempo para que conozca la luz que hay fuera del cuaderno.

Creo firmemente que hay un solo instante en el día en el que somos nosotros mismos. Este es mi momento: sentado frente al mar en nuestro bar, que ya casi siento sólo mío, y en el que, lo niegue o no, te espero cada tarde desde hace demasiados meses. Aquí me quedo a solas con tu recuerdo, sin tener que fingir ante nadie que no te pienso, como si compartiese el café con el espectro de alguien a quien amé y que acaba de morir.

Así, cada tarde, del modo en que se empieza un libro, yo emprendo la tarea de releerte en mi memoria. Comienzas presentando a una niña disfrazada de india a la que salpica el sol en la terraza, aquella otra subida a un columpio, la de la playa o la bicicleta color canela. Después avanza el argumento y me asalta tu rostro pensativo, el acantilado de tus labios, y esos ojos de hierba y sol… o tu cuerpo, con el bósforo de sal del que yo bebía al bajar por tu cuello, las aristas de tus hombros, de tu pecho, la curva del vientre, o el descenso por tu espalda de suavidad desbocada. A más de la mitad de mi libro todo tu cuerpo se me antoja un bloque de espinas sobre mi corazón, mi piel te llama a gritos repitiendo que eres el ser más condenadamente bello que pisa esta tierra.

Cuando más ganas tengo de besarte, llego al capítulo final y acierto a palpar tu ausencia, cuando quiero tocarte y no estás conmigo. Vuelvo a leer, intentando convencerme, que la vida que compartimos ya no existe, tampoco nuestra manera de entender el mundo o el tiempo, o esa forma de disimularlos. Sé que los otros han olvidado nuestro nombre compuesto… no puedo culparles; incluso a mí empieza a costarme recordar cómo era decir que te quería sin más escudo que bajar los ojos, con la triste franqueza del que se sabe solo ante el amor, intentando ahogar las esperanzas con tus palabras duras. Cómo era que se me derramase el adorarte por los labios cuando eras genial con una frase, y yo miraba a todos haciéndoles notar que eras mía. ¿Cómo era nuestro amor cuando aún era niño?

Acaba el libro y me hielo. La tristeza se asienta en los huesos si pienso en tu despedida, tan distanciada. Mientras te alejabas, dejándome en este bar, pensaba en que me llamabas astronauta por querer llegar siempre a tu cara oculta. Ahora pienso que habrá otro que roce esa cara que nunca me fue descubierta, y en tu boca dibujando otro cuerpo que no es el mío. Sólo me queda buscar estrellas sobre el mar como quien busca respuestas o promesas, buscar tu inicial en el filtro del tabaco, como hacíamos con los amigos durante el recreo del instituto.

No sé ya que hacer, amor mío. He rezado, he pecado, llorado y reído a medias, trabajado y malgastado el tiempo, fumado mucho y dormido poco… y, definitivamente, no he dejado ni por un momento de pensar en ti. Maldigo este agotamiento inevitable del desamor, y sin embargo siento que es la única luz que puedo encenderle a alguien que percibo que me busca en sueños, sin decidirse a encontrarme. Imagino que puedes ser tú y que tal vez pienses que puedo estar donde me dejaste, esperándote. Imagino escuchar una voz conocida tras de mí, que pregunte al camarero “¿sigue aquí el astronauta?”.

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Descorran las cortinas…

El escenario queda abierto para descubrir a la actriz en pelotas…
Espero que os guste y besos a todos.
Posted by lolita at 13:10:37 | Permalink | Comments (3)