más desde el tupper…
Desde Cernuda
Contra mi cuerpo creo,
Radiante enigma el tuyo;
No ríes así ni hieres,
No marchas ni te dejas, pero estás conmigo.
Luis Cernuda
Mi arcángel
En un breve espacio de tiempo –tal vez sean incluso minutos- me derrumbas y me reconstruyes con una facilidad pasmosa. Al empezar el día me recuerdas que no soy para ti sino alguien en quien confías para vigilar el mundo cuando estás dormido. Y de nuevo los cinco agujeros, la sangre brotando sin parar de todos ellos y yo con diez pero sin dedos bastantes para taponar este dolor. Por la tarde me abrazas, te inclinas y reposas sobre mí el peso sublime de tu cuerpo, y yo, el que tan sólo unas horas antes se prometía a sí mismo que aquella era la última vez que no lograba mantener las distancias, las lejanías que me escondes; ese mismo hombre se licua ahora entre los poros del sofá de piel, muriéndose de ternura al dejar rodar mis dedos por la piel de tu hombro.
Cuando no me miras, cuando diriges la vista al muro, cuando estás leyendo o cuando duermes y tus ojos no pueden juzgarme, me atrevo a decir “te quiero” moviendo los labios, haciendo nuevas las palabras. No demasiado alto, no demasiado cerca, pero lo necesito. Exhalo esta bocanada de gas porque si no lo hago tal vez me vaya durmiendo yo también… y no quiero dormirme porque estoy seguro de que no va a ser en tus brazos.