Thursday, June 21, 2007

El futuro ¿en buenas manos?

Hace ya algún tiempo mantuve una conversación acerca de la inutilidad de tratar de ver el futuro, las cartas o las dotes adivinatorias en general. Como buenos occidentales, concebimos pasado, presente y futuro; futuro impredecible, pero más pacificador que el de otras culturas: mediante la observación del pasado y el presente sabemos que, muy probablemente, el futuro será de una u otra forma. Lo más hardcore que logramos asumir es la ciencia ficción, porque “ciencia” va seguido de “ficción”, pero siempre dominados por el escepticismo.

En la sociedad de las comunicaciones la información ha de tener un canal objetivo, palpable. No se puede asumir que determinadas personas reciban imágenes de lo venidero usando su mente, sus sentidos, como único soporte o línea de transmisión. El saber, que, en nuestro retablo cultural (mira que me gusta esta expresión…), se almacena en estanterías, no puede conceptualizarse como algo que flota en suspenso, sabe Dios dónde, algo que, por su mero capricho, puede elegir a sus receptores. Esto es la pesadilla de cualquier científico tecnócrata (comprensible si se piensa que ha dedicado su vida a aprender las leyes del funcionamiento del mundo, para que luego venga un chamán australiano a comprometer tanto estatismo y polivalencia. Cómo culparles de nada, yo también lo haría).

En cambio, para algunas culturas el tiempo se piensa como puro amor a lo que la vida tiene a bien hacernos aprender. Los hopis, por ejemplo, sólo tienen por una parte lo que han vivido y viven como única categoría, el pasado no merece la pena ser narrado o explicado, simplemente porque es algo que está; por otra parte lo que aún no ha sucedido. Y en esta última todo cabe… lo mágico, lo tecnológico, lo divino, lo epidémico… la vida en un sentido más amplio de lo que nosotros podamos llegar a entender jamás. En este momento de mi vida sería colosal conocer a un pueblo con ese talante para aceptar la sorpresa.

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Tuesday, June 12, 2007

Vivir sin leer

Justamente ayer tuve una conversación acerca de la necesidad que para mi supone la lectura. Acabo de terminar una sesión intensa de exámenes, y durante casi un mes entero no he leído nada que no fuesen teorías antropológicas sobre la percepción, la cognición, o la política en las más diferentes sociedades humanas. Me encanta lo que estudio, pero el hecho de no poder desviarme de un sendero marcado, de las páginas que debían recorrer mis ojos, ha supuesto una tortura.

Siempre he pensado que si alguien se toma la molestia de escribir tantas páginas para contar algo que cree importante, es una autentica lástima que nadie lo lea jamás. Es como la carta de un amigo potencial que no abriremos nunca. Por supuesto hay excepciones: aquellos que escriben para pregonar su propia importancia y sin decir nada. Por el mero placer de pajearse con el lenguaje, o con su foto mordiendo la patilla de unas gafas en la contraportada. Esas cartas no me las leo.

El amigo con el que lo hablaba ayer decía que durante un tiempo en que, por circunstancias, no pudo leer tanto como quiso, tuvo auténtico mono. Yo tuve ayer por la mañana esa agradable sensación del ansia por pasar las hojas de un libro.

Posted by lolita at 09:46:42 | Permalink | Comments (2)