Donde habita el olvido
Hay veces en las que alguien a quien crees que has olvidado surge en una conversación, luego entre sueños, algunas imágenes, que la retina archivó (diría Sabina), saltan a la superficie junto con sentimientos que también pensabas haber olvidado. Esta noche he revivido la tristeza con el rostro de alguien a quien quise. A su lado me sentí a salvo, y eso es algo que hace imposible el rencor. Nunca le desearé más que felicidad. Pero también me hizo daño, y sería estúpida si me empeñara en tener cerca el riesgo de volver a sufrir, si olvidara sus palabras. Siguiendo con Sabina, dejé que se fuera a donde habita el olvido.
Siempre que se habla de amor pensamos en el romanticismo, en la pareja; pero existe una forma de querer que suele subestimarse, una manera limpia y sencilla de guardar a alguien en el corazón. No puedo entender qué razones llevan a algunos a despreciar esa clase de afecto, a no cuidarlo.
Pensaba que nuestra amistad sería de esas pocas cosas que en la vida duran para siempre, que seríamos viejas y aún nos reiríamos de aquellos momentos inolvidables que pasamos juntas, que los suyos nunca dejarían de ser los mejores abrazos del mundo. No se me ocurrió pensar que prefiriese unas risas a ese amor limpio y sincero, que escogiera la simple compañía en lugar de a su sitio en mi corazón.