Insignificantes tragedias
Leyendo mis últimos posts me doy cuenta de que me estoy poniendo demasiado trágica. Es bien cierto que la vida es dramática y penosa demasiado a menudo, pero también, como dice mi padre: “No pasa nada, nunca pasa ni ha pasado nada”; por terrible que sea para nuestro corazón un determinado acontecimiento, continuaremos vivos -a menos que decidamos lo contrario de forma activa- y el resto del mundo permanecerá sabiamente ignorante de nuestro dolor, relativizará nuestro más hondo y personal sufrimiento hasta convertirlo en algo que es poco menos que nada.
Así que mi mensaje para el nuevo curso es que empecemos por quitar importancia a lo doloso desde nosotros mismos. Yo lo intentaré al menos, ya que, en un mundo tan parco en empatía, todo lo demás es una pérdida de tiempo.