navidad, navidad, dulce navidad
Ha pasado el día de navidad, demos gracias. Otro año más ¿gracias? Mis queridos, y francamente pocos lectores, quiero compartir con vosotros mi cansancio. Cada año monto un escenario sin creerme para nada el espectáculo; este año, como novedad, la vida ha querido descolgar de mi árbol la última bola brillante, dejando sólo el andamiaje gastado, problemas con las luces y la siempre angustiosa falta de espacio.
En cualquier caso, haré público un sentimiento positivo: nunca sabrán mis queridos amigos lo mucho que agradezco nuestras horas de la víspera, las risas que me trajeron en esos momentos abúlicos, la conversación sincera y siempre agradable, y el compartir conmigo el breve reencuentro de mi corazón con el concepto de familia, desprovisto al menos unas horas de dolor o nerviosismo. El mejor regalo. Gracias.
Aprovecho la ocasión para devolver a todos los buenos deseos que me habéis hecho llegar, y para pediros que no toméis a mal mi falta de respuestas. El silencio es lo más poético que se me ocurre para un escenario sin brillo.